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El mundo es un negocio, Sr. Beale



¡Usted cree que solamente ha impedido un negocio, pero ese no es el caso! ¡Los árabes se han llevado millones de dólares, mucho dinero de este país, y ahora tienen que devolverlo!

Es el flujo y reflujo, es el ritmo de las mareas, es el equilibrio ecológico. Usted es un viejo que sólo piensa en términos de naciones y pueblos. No existen naciones, no existen pueblos, no hay rusos, no hay árabes, no existen terceros mundos, ni Occidente. Existe solamente un gran sistema de sistemas, un vasto y salvaje entretejido intercalado, multivariable, multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electro dólares, marcos, yenes, libras, francos, y rublos, es el sistema internacional monetario, que determina la totalidad de la vida en este planeta. Ese es el orden natural de las cosas de hoy día. Esa es la estructura atómica y subatómica y universal que configura las cosas de hoy día.

¡Y usted se ha entrometido con las fuerzas primitivas de la naturaleza! ¡Y usted debe repararlo! ¿Me entiende usted señor Beale? Usted aparece en su pequeña pantalla de 21 pulgadas y grita sobre América y la Democracia. No existe América, no existe la democracia, sólo existe la IBM, la ITT, la AT&T, y DuPont, Dow Unión Carbide y Exxon. Esas son las naciones del mundo de hoy día.

¿De qué cree que hablan los rusos en sus consejos de estado? ¿de Karl Marx? No. Hablan de sistemas de programación lineal, de teorías sobre estadística, de problemas económicos, y computan costos de sus transacciones e inversiones como hacemos nosotros. Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale.

El mundo es un colegio de corporaciones inexorablemente dirigido por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio, señor Beale. Lo ha sido desde que el hombre salió arrastrándose del barro, y nuestros hijos vivirán, señor Beale, para ver eso: un mundo perfecto en el que no habrá guerra ni hambre, opresión ni brutalidad; una vasta y ecuménica compañía asociada en la que todos los hombres trabajarán para servir a un beneficio común; en la que todos los hombres poseerán una cantidad de acciones; en la que se les cubrirán todas las necesidades, se les moderarán todas las ansiedades, y les divertirán para que no se aburran. Y le he elegido a usted, señor Beale, para predicar este evangelio.

—¿Por qué a mi?
—Porque sale usted en televisión, tonto...

Personaje Arthur Jensen de la película ‘Network’, 1976

El riesgo de la prima


No lo conozco pero ese tal Riesgo debería decirle a su prima que dejara de joder a los países donde están las raíces de lo que hoy es o pretende ser Europa. No comprendo cómo un único tipo, el tal Riesgo, tiene en jaque a todo el mundo civilizado (Grecia, Portugal, España, Italia) porque los demás suelen ser germanos o hugonotes, es decir, plebe y meapilas. Y todo debido a que el sujeto no es capaz de ponerse los pantalones ante su prima, plantarse ante ella y escupirle a la cara que, ya que tanta amistad tiene con “los mercados”, los meta en cintura enseñándole los dientes.

Debería producirse una rebelión de nacionalismo grecolatino, ¿qué coño va a ser esto de estar dale que te pego con la prima de Riesgo? Primero, a darle a Riesgo y a su prima la badana que se merecen, que ya luego nos entenderemos con los políticos que se han interesado más por endeudarse en “los mercados” que por la vida honesta y sin delirios de grandeza, unos políticos que son el reflejo de buena parte de la sociedad, a la que han acostumbrado mal, como a los niños mimados, que si no quieren verdura les ponemos pescado y si no quieren pescado les ponemos carne y, si tampoco, le damos una mierda de McDonald porque “un millón de moscas no pueden equivocarse: coma mierda”.

Los Estados venden a los mercados pero, ¿quiénes son los mercados? ¿Familiares de la prima de Riesgo y por tanto de Riesgo mismo? Los mercados tienen nombres y apellidos, se juegan su dinero (que no es suyo del todo pero ellos lo dicen y se acabó) comprando bonos de los estados pero a cambio les ponen unos deberes tremendos que al final tenemos que hacer todos. Mientras hacemos y no hacemos lo deberes, la prima de Riesgo y su puta madre están ahí como una espada de Damocles. Si los deberes no se hacen, vienen a rescatarnos pero no gratis sino con más primas y hermanos y cuñados y esto es un círculo vicioso derivado de un sistema viciado que creyó en los ingenuos (o interesados) Adam Smith, Jefferson, Milton Friedman, Hayek o Von Mises, con esa trola de que si dejabas al individuo “de bien” (o sea a ellos y a las corporaciones que vinieron detrás) hacer lo que les viniera en gana, todos saldríamos ganando. Si las cosas iban bien, era virtud mercantil y si salían mal la responsabilidad era del Estado y de lo público en general, que aplastaba a las criaturitas y no las dejaba expandir su misión redentora. Franco tenía la conspiración judeo-masónica-comunista y estos la estatal y la pública (la comunista, por supuesto, ésa no falta nunca, es como el Cid Campeador, da miedo hasta muerta, en su caballo de batalla).